HISTORIA

En mi niñez  pasaba las tardes sentado en el jardín de mi casa, bajo el sol, tallando un  rústico madero  con una cuchilla vieja, dibujando rostros en mis cuadernos,  sintiendo poco a poco en mi la necesidad, el deseo, de crear con mis manos. Me  maravillaba por los canastos de mimbre en donde guardábamos  de todo en casa; veía a mi madre tejer  con sus agujas  mil cosas. Y fue creciendo día a día en mi  una constante inquietud por lo que mis manos podrían hacer, inquietud creo yo explicada por mi simiente paterna de artistas, intelectuales e industriales de origen mediterráneo.

Luego en mi juventud incursioné en varios oficios, como joyería, cerámica y  telares,  intentando hallar esa labor que me llenase. Fue entonces que  me encontré con el cuero, con las pieles. Este perfecto y noble  elemento logró copar mi necesidad de creación, de hacer,  de independencia,  me hizo percibir  mi alma reminiscente, y a la par, con  mi ascendencia corsa que siempre ha estado allí.

Se que hay un anhelo de eternidad, de huella perenne, cuando logramos que nuestras manos transformen nuestro entorno, haciendo  con ello más amable, más placentera nuestra estadía, nuestro trasegar, dejando  así huellas tangibles, huellas que junto con   mi esposa  Teresita y mis hijos David y Milagros, hemos ido dejando, para nuestro  placer y beneplácito, desde la fundación de Tessa e Hijos en septiembre de 1992.

El cuero tiene para mi, y se que para los amantes de este noble, bello y perfecto material, esa sensación de calidez, de candidez, de elegancia.  Nuestra familia tiene la pretensión, desde hace unos 25 años, de rescatar  las técnicas ancestrales de la talabartería artesanal  y traerlas a este presente que, gracias a Dios, aún se maravilla de la experticia de nuestras manos humanas.

 

Arturo Ogliastri Rangel.